La última jornada del congreso en investigación educativa más importante del país analizó los desafíos del sector frente a los nuevos escenarios políticos y sociales. En sus 3 días, el CIIE reunió a casi 1200 investigadores, docentes y estudiantes en torno a más de 600 ponencias.
Con un récord de audiencia y analizando los desafíos de la justicia social y de la investigación educativa en el contexto sociopolítico actual, culminó este jueves 29 de octubre el Séptimo Congreso Interdisciplinario de Investigación en Educación (CIIE), el congreso educativo más importante del país.
El CIIE reunió a casi 1200 personas y contó con la presentación de más de 650 trabajos (464 ponencias, 64 simposios y 134 pósteres), distribuidos en 21 líneas de investigación que abarcan el problema educativo desde una amplia perspectiva, como las tecnologías e inteligencia artificial en la educación, la profesión docente, políticas educativas, liderazgo, crisis socioambiental y educación, entre otros. Entre los expositores figuraron académicos, investigadores jóvenes, estudiantes de pre y postgrado, y docentes y directivos del sistema escolar.
“El balance final de CIIE 2026 deja una profunda sensación de éxito y satisfacción con la participación y el involucramiento de los y las investigadoras. Esto se ve reflejado primero en los números del congreso, donde más de 1700 personas estaban con el interés de participar de él y en las conversaciones que se pudieron dar dentro del congreso. Todas estas personas que vienen a escuchar, a presentar, a encontrarse, dan cuenta que nuestro país tiene un capital humano muy relevante en la producción del conocimiento que tenemos que cuidar, potenciar y resguardar. CIIE es un espacio de encuentro, de formación y de vinculación”, señaló Mauricio Pino, coordinador general de CIIE e investigador del CIAE.
Por su parte, el decano de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Chile, Alejandro Carrasco, quien también fue parte del comité ejecutivo del CIIE, valoró el trabajo colaborativo entre instituciones líderes que permitió el éxito del congreso: “La colaboración ha sido fundamental. Nadie puede hacer esto solo, ninguna universidad y ningún centro, porque toma mucho tiempo, recursos, ideas, así que la colaboración yo creo que es la gran ganadora de este congreso”, señaló. Además, agregó que el CIIE es resultado de “un diálogo de una comunidad amplia, que son muchas universidades y organizaciones en torno a la educación, como un fenómeno social complejo y con muchos ángulos, dimensiones y aristas”.
En esta misma línea, la directora ejecutiva del Centro Líderes Educativos PUCV y también parte del comité ejecutivo del congreso, Carmen Montecinos, señaló que “si bien CIIE empieza como un congreso fundamentalmente de investigación e investigadores de Chile, la significativa participación de investigadores e investigadoras de otros países de la región latinoamericana demuestra que resolver los persistente problemas de calidad y equidad en nuestro continente requiere la colaboración y solidaridad internacional; tal como señala la Unesco en el documento: Reimaginar juntos nuestros futuros: un nuevo contrato social para la educación”.
La agenda de justicia social en los tiempos actuales
La última jornada abrió con la conferencia de María Balarin, investigadora principal de GRADE (Perú) y una de las 3 conferencistas internacionales del CIIE.
En su charla, Balarín, quien es especialista en política educativa y segregación escolar, analizó la evolución de la agenda de la justicia social en las últimas décadas, poniendo el énfasis en el contexto sociopolítico actual a nivel global y proponiendo una nueva forma de pensar la justicia social desde un enfoque epistémico. “Hablar de justicia educacional hoy no es fácil, cosas que antes dábamos por sentado, como la necesidad de reconocer las diversidades, son hoy campo minado en el debate público. Muchos autores señalan que hemos entrado en era postneoliberal, que empieza a tener características distintivas, como la desconfianza en los datos y en las decisiones basadas en evidencia”, señaló. En ese sentido, añadió que en los tiempos actuales es como si la agenda de justicia social “hubiese llegado tarde cuando ya hemos pasado a otra cosa”.
Detallando su argumento, explicó que los objetivos de justicia en educación siguen siendo marginales en comparación con los objetivos de aprendizajes medibles, que copan la agenda: “la agenda de mejora de aprendizajes no permite incorporar resultados sociales más amplios, como transformaciones amplias para avanzar hacia la justicia y tampoco permite avanzar en procesos pedagógicos que requerirían avanzar para una educación más justa”, precisó. En ese sentido añadió que la agenda de justicia social enfrenta un fenómeno de despolitización: “Mientras mayor es el enfoque de justicia, tienen menos posibilidad de materializarse y traducirse en acciones reales y verdaderas”. Agregó que eso se traduce en pedagogías superficiales: procesos y propósitos vagos, pedagogías desconectadas de las experiencias de injusticia, marginación y exclusión, con narrativas simplistas que no problematizan ni señalan la complejidad de muchos problemas y que no desarrollan la capacidad de pensar críticamente.
Ante ese escenario, precisó que es necesario repensar la justicia educacional desde una perspectiva epistémica de la práctica educativa, que ha sido descuidada, “porque es en el desarrollo de esas capacidades cuando la educación puede ser justa, incluso en estos contextos desfavorables”.
Los desafíos de investigación en educación
La jornada terminó con un panel en el que destacados especialistas debatieron sobre los desafíos de la investigación en educación en los tiempos actuales, desde la perspectiva internacional, de la gestión educativa y de la academia. Desde el mundo escolar, Pilar Diez, encargada de Estudios del SLEP Barrancas e investigadora en políticas educativas y gestión escolar, señaló que “la investigación ha contribuido a ver, pero menos a mover. La pregunta es qué hacemos hoy con lo que sabemos y tenemos”. En ese sentido, llamó a crear alianzas de largo plazo y capacidades de estudio en nivel intermedio, para producir, interpretar y movilizar conocimiento. “La investigación puede estar al servicio de la educación pública cuando se vuelve parte de sus tareas cotidianas”.
En ese mismo sentido, y desde una mirada internacional, Valtencir Mendes, jefe de Educación de la Oficina Regional de UNESCO Santiago, valoró la calidad de la investigación educativa en Chile en comparación con la región, mencionando que lo que falta -al igual que en toda América Latina- es la última milla para que la investigación llegue a las escuelas y genere la transformación educativa. “Cómo hacerlo: construir todo esto en alianzas. Y los centros están intentando caminar en esta dirección de caminar e impactar en incidencia política”, precisó.
Desde la academia mencionaron el financiamiento como uno de los desafíos para la investigación educativa. Carlos González, director del Centro de Estudios de Políticas y Prácticas en Educación (CEPPE UC), señaló que este es un problema serio porque puede minar lo que hemos construido en un largo periodo de tiempo. “En Chile hemos avanzado mucho en investigación educacional en 20 años, con un nivel de internacionalización que antes era impensado, lo que se ha materializado en centros de investigación y en un número considerable de investigadores bien formados, y en mucha evidencia que dio sustento a transformaciones educativas”, precisó.
En este mismo sentido, Verónica Roa, directora general de Investigación y Doctorados de la Universidad Diego Portales, indicó que los desafíos son tanto el financiamiento, el que debe ser sostenible en el tiempo, y cómo fortalecer mecanismos de traducción y comunicación del conocimiento.
Reconocidas instituciones en la organización y colaboración del congreso
El Congreso CIIE fue fruto de un esfuerzo conjunto e interdisciplinario de organizaciones líderes en producción de conocimiento en educación. Fue organizado por la Pontificia Universidad Católica de Chile, a través de su Facultad de Educación, el CEPPE UC y el Centro de Justicia Educacional; la Universidad de Chile, a través del Instituto de Estudios Avanzados en Educación y del CIAE; y el Centro Líderes Educativos de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.
Además, organizaron la Asociación Chilena de Investigadores en Educación (ACHIE); el Consejo Nacional de Decanos y Decanas en Educación (CONFAUCE); las Facultades de Educación de la Universidad Alberto Hurtado y de la Universidad Diego Portales; el Centro de Investigación para la Transformación SocioEducativa (CITSE) de la Universidad Católica Silva Henríquez; y la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación.
Por otra parte, el evento contó con la colaboración de otras reconocidas instituciones, tales como: UNESCO; la Universidad de Magallanes; la Universidad de Atacama; la Universidad de Playa Ancha; la Universidad Andrés Bello; la Universidad Arturo Prat; la Universidad Católica de Temuco; la Universidad del Bío-Bío; y el Centro de Investigación para la Mejora de los Aprendizajes (CIMA), de la Universidad del Desarrollo. Contó con el auspicio del Programa Haciendo Escuela de Falabella.

